Cripsis en una lista
Esto no es un canon
Hace unos días se publicó la nueva lista de Top FilmTuiter. Es un esfuerzo encomiable por recuperar el espíritu online de camaradería, voluntarismo y socialización en espacios digitales. Barthes afirmó que todo canon implicaba una operación de recorte y fragmentación y Ong —cuyo estudio del paso de la oralidad a la escritura siempre merece una relectura— fue menos apocalíptico puesto que pensaba que las formas de literatura oral siempre habían contribuido a desarrollar e influir a las manifestaciones ulteriores de literatura escrita

Siempre nos preocupa el canon escrito en cualquier soporte material y nunca el patrimonio oral. Ya no hay comunidades ágrafas en el mundo y, de haberlas, su historia se susurra y jamás nos llegará representada. Escribo esto para cuestionar un poco el hilo de Vicente Monroy, quien —pese a que dudo muchísimo que sea su intención— parece incurrir en cierta condescendencia con sus notas. Apuntes valiosos, pero también querría arrojar algunas dudas respecto a las funciones de las instituciones del gusto —otros dirían culturales, yo prefiero llamarlas instituciones del gusto—.
No hay ironía en esto último y hasta aquí mi cita de su hilo. Lo que viene a continuación es solo una diatriba contra las instituciones en abstracto.
Entiendo que, dentro de este grupo, hay tres tipos ideales de anticinéfilo. El primero es el Teórico. El segundo, el Político-Moral. El tercero, una triste sombra de los otros dos.
Jose Miccio, La ilusión de un porvenir (o si se quiere: A favor de la cinefilia)
Tampoco voy a reflexionar sobre el canon y la cinefilia porque eso ya lo hice en un ensayo para Transit que nadie leyó porque cada día escribo cosas con menos sentido. Dudo mucho que la intención de Top FilmTuiter sea representar el “gusto” de la Generación Z ni tampoco consolidar un canon de un supuesto cine libre (libre de ¿qué?) Probablemente de nada.
Cualquier invocación no materialista del cine hoy día es profundamente elitista. Hablar de un “cine libre” sin ahondar en los mecanismos de producción es, otra vez, caer en un romanticismo liberal o, lo que es peor aún, en un idealismo inánime. Claro que puede haber un cine libre o tercer cine (solo se lleva hablando cerca de cien años sobre él). El problema no es tan ingenuo como fingir que este no llega o que la Gen Z no lo descubre. El problema es pensar que esa Gen Z va a compartir tu gusto por ese tercer cine y, sobre todo, ¿quién nos va a descubrir ese tercer cine? Naturalmente: esas instituciones culturales del gusto que primero perpetuaron la política de los autores, después han fagocitado las vanguardias hasta gentrificarlas en Expos y Retrospectivas, a continuación mataron la posmodernidad convirtiendo la “no-wave” del vídeo y el postdigital en irreverencia estética para promocionar a nepobabies en festivales underground y ahora te van a meter otros tipos de cine.
SproutSocial ha sacado su 2024 Social Media Content Strategy Report. Es un análisis que, aunque no es tan maravilloso como el PowerBi de TopFilmTuiter, habla del consumo online de la Gen Z. Creo que la conclusión más valiosa es que las redes sociales ya no van sobre mostrarte a ti mismo, sino de consumir contenido. Aquí es donde se libra la batalla por el gusto y quizá aquí es donde TopFilmTuiter es mucho más valiosa que el trabajo de cualquier institución cultural del gusto —sigo añadiendo etiquetas conscientemente—. Valiosa porque, aún desde una periferia, se ubica en ecosistemas online y redes de socialización que pueden ayudar a cierta Gen Z —a otra ni le importa esto y eso está bien— a reencontrarse con ciertos cines.
Por eso creo que la alfabetización audiovisual y la literacidad mediática, es decir, una pedagogía que ayude a analizar críticamente el audiovisual actual y a categorizar una idea sana y diversa de lo bello —concepto mucho menos problemático de lo que parece—recae mucho más en los espacios de socialización online que en los offline.
Hace tiempo que se sabe que la identificación con el personaje, la voz narrativa y la similitud actitudinal son dispositivos narrativos que favorecen la inclusión y la empatía (Fredman et al., 2015; Brannon, S.M. y Swann, W.B., 2015). Este tipo de iniciativas en forma de listas pueden ayudar a encontrar mensajes narrativos que ayuden a eso.
¿Qué pasaría si se introduce un tercer cine en instituciones del gusto? No lo sé, sí sé lo que pasa si la ficción busca únicamente la identificación con el personaje y la similitud actitudinal. Según estudios (Moyer-Gusé, 2008), se disminuye la capacidad crítica de la audiencia puesto que se anulan la reactancia y la contra-argumentación. Es decir, consumir únicamente contenido que ciertas instituciones y empresas consideran positivo conduce a audiencias acríticas.
¿Qué quiero decir con esto? A que prefiero mil veces que voluntarios y voluntarias creen iniciativas como FilmTuiter donde el gusto es disperso, anárquico y más o menos canónico a dejar que este recaiga en popes, burgueses e iniciativas subvencionadas. Y sí, sé que mi mensajes roza el libertarianismo y que estoy a dos pasos de un anarcotecnológico, pero siempre hay que desconfiar. Naturalmente, también me sorprende la homogeneidad y estandarización de ciertas listas en un momento en el que se puede acceder a cualquier cine en apenas dos enlaces. ¿Dónde quedan las filias personales: el gusto por un cine queer, la querencia por el experimental, etc.?, ¿acaso la socialización online no nos está volviendo más vagos para construir gustos personales ajenos a lo que se espera de nosotros?
Pese a que la capacidad crítica y la tolerancia son constructos multidimensionales, pueden activarse si la gente joven se expone a mensajes narrativos que los espoleen. El gran problema radica entonces en ¿quién educa y decide cómo construir currículos de enseñanza que no ahoguen la diversidad crítica?, ¿quién programa y quién articula instituciones que garanticen una polifonía artística? Vemos que el problema no está en las nuevas audiencias, sino en quienes vuelcan en ellas una imagen artificial. No, la Gen Z no son las personas jóvenes que salen en los vídeos de Filmin o A24, esos son solo una parte. En mi clase hay personas de Gen Z e incluso Gen Alfa cuyo único audiovisual consumido es La que se avecina —es solo un dato, sin juicio de valor asociado—
Tampoco quiero extenderme demasiado, así que revelaré que sigo puliendo mi inglés gracias a los nombres de pasos de baile que emplean en este canal de techno, una de mis primeras obsesiones de 2025. Admito mi querencia por el género y, aunque apenas entienda de música, mi lugar confortable es ver cómo un chico analiza la escena underground de Georgia.
Ya que hemos hablado de iniciativas colaborativas y de la necesidad de un tercer cine, ¿por qué no recomendar arte colaborativo? Os dejo con Sharon Daniels, una artista multimedia de arte interactivo que, entre otros proyectos, llevó a cabo la performance Palabras.
Fue un proyecto de herramientas, actividades e interfaces creado durante una residencia en Buenos Aires, Argentina, entre 2004 y 2005, antes de que existiera YouTube. Este proyecto tenía como objetivo impulsar la autorrepresentación colectiva de comunidades locales y promover su inclusión social. A través de un taller y un conjunto de herramientas, se brindó a comunidades desfavorecidas tanto tecnológica como económicamente la oportunidad de participar en debates sociales y políticos, desarrollando sus propias bases de datos y compartiendo contenidos en forma de textos, sonidos e imágenes que reflejaban su realidad cotidiana.
El proyecto reutilizó cámaras de video digital de bajo costo diseñadas originalmente como dispositivos desechables (más tarde conocidas como cámaras Flip). Gracias a instrucciones para construir cables y a software gratuito disponible en un sitio web de tecnología DIY, estas cámaras se hicieron reutilizables. Además, se creó una aplicación web que facilitaba la edición, la clasificación y la publicación en línea del material audiovisual generado.
¿Con qué no perder el tiempo? El turno esta vez es para todas las videoreacciones al regreso y a los antiguos vídeos de Gaspi. Nada en contra (ni a favor) de Gaspi más allá de su empeño por recuperar formatos de YouTube que se creían extintos, sí mucho en contra de algo tan perezoso como una videoreacción para monetizar contenido.
Eso es todo, primera y demasiada extensa newsletter del año. Espero que tengáis buena entrada del año y, si no es así, que al menos encontréis formas de no pensar demasiado en la vida.








